Categoría: Pareja

CUANDO CONFUNDIMOS DESEO CON NECESIDAD

“Necesito su amor y aprobación”

Uno de los principales errores que solemos cometer los humanos es la de confundir el deseo de amar y ser amado, de ser correspondidos, con la necesidad y obligación de serlo:

“Puesto que lo deseo, lo necesito y lo he de tener”. Y si no lo consigo sobreviene la catástrofe, me deprimo, lloriqueo y me quejo sin cesar. ¡Dios mío que voy hacer si no me amas y me apruebas en prácticamente todo lo que haga! ¡Qué va a ser de mí, pobrecito!

Ciertamente, no necesitamos su amor y  aprobación debido a que no nos vamos a morir si no lo tenemos, ni ello implica que no vamos a ser feliz nunca más. De hecho, numerosos casos en la historia demuestran que personas, a pesar de hacer sido rechazadas por sus parejas, no se han muerto y han podido seguir disfrutando de la vida en su plenitud.

No queremos decir que conseguir el amor y la aprobación de nuestra pareja no sea deseable, ni tenga valor alguno, ya que es gratificante e incluso divertido, sino que quiero decir que no lo necesitamos y que podemos vivir sin ello y obtener otros placeres en la vida.

Cuando nuestra pareja nos rechaza sin duda no nos gusta y nos duele. ¡A nadie le gusta verse privado de este placer! Pero podemos aprender a aceptar su desaprobación y rechazo, ver que no tenemos la necesidad de ser aprobados y correspondidos siempre, e incluso tomar las críticas como puntos posibles de mejora en lugar de derrotas o catástrofes. Incluso, a veces, las críticas de nuestra pareja son injustas o poco razonables pero ¡Él o ella también tiene el derecho a equivocarse! Además, ¡nosotros tampoco nos hemos de creer todo lo que nos dicen!

La idea de que necesitamos que nuestra pareja nos apruebe y nos ame en todo momento es una actitud perfeccionista, utópica e imposible. No podemos ser aceptados y amados por el 100% de nuestras conductas y aspectos de nosotros, ni tampoco en todos momentos. Nadie es perfecto. Tampoco quiere decir que el hecho de amar a alguien sea para toda la vida, sino que este sentimiento puede variar con el paso de los años. Es una expectativa irreal e irracional que nos amen siempre. ¿Acaso lo hacemos nosotros con respecto a nuestra pareja? Y entonces ¿Por qué lo pedimos de forma insistente? Aceptémoslo: ciertas conductas y aspectos de nosotros mismos no van a gustar a nuestra pareja, y por mucho que cambiemos habrán cosas que seguirán no gustándole. Esa es la realidad.

Hemos de tener en cuenta también que hay parejas a las que no gustaremos nunca o poco, o que continuamente nos reprocharan cosas. La mayoría de estas son personas con problemas emocionales e incapaces de amar a alguien de forma madura. Es decir, aunque lográsemos cambiar puede que aún no le gustásemos. Por tanto, uno decide: o cambiamos de pareja o tendremos que aceptarla tal como es e intentarla ayudarla, en la medida de lo posible, a solucionar sus problemas emocionales.

Crearnos esta falsa necesidad es adentrarnos al mundo de las exigencias: “Puesto que lo necesito lo he de tener”. Ante tal necesidad vamos a autoexigirnos tener que ser amables con nuestra pareja, ser simpáticos, no ser rechazados, lo que nos va a crear mucha ansiedad por conseguirlo y culpa cuando no lo consigamos, incluso, cuando de hecho sepamos que no dependa totalmente de nosotros su aprobación.

La persona ante tal necesidad se vuelve insegura, indecisa, dependiente, no es capaz de tomar la iniciativa, se vuelve servil e idealiza al otro.

Dedica mucho tiempo y energía pensando ¿qué es lo que la pareja quiere que haga para sentirme amado?, en lugar, de pensar ¿que quiero yo hacer y deseo compartir con mi pareja?

El hecho de actuar de forma dependiente y sumisa para conseguir su amor, puede hacer que nuestra pareja se aproveche de nosotros, pierda interés, nos manipule, y dejemos de ser nosotros mismos por ser partes del otro.

Esta necesidad va muy ligada a una infravaloración, a un menosprecio hacia sí mismos. Uno no se acepta a sí mismo, y busca amor y aprobación en la pareja para hacerse valer, para ser algo. Esta persona es incapaz de amar a alguien de verdad, porque el acto de amar está ligado a la necesidad no a la libertad de elección. Uno ama porque lo necesita, y proyecta en el otro todo lo que carece de uno mismo. Ve en el otro una oportunidad para hacerse valer. No lo ama con madurez, como ser independiente y libre, sino sujeto a mis necesidades. Pero eso no es amor. Amar significa velar por la felicidad, satisfacción, crecimiento, realización e independencia del otro. Significa respetar los derechos del otro como persona.

Uno cuando ama de verdad, ama desde la libertad y desde la conciencia de que quiere estar con la otra persona, porque ve en la otra persona una oportunidad para crecer. La pareja no tiene que ser la muleta que nos falta, sino un trampolín que nos permite llegar más arriba. Amar es un sentimiento propio hacia la otra persona y un acto de voluntad. Amar significa dar y no recibir. Damos desde la libertad y voluntad, y recibimos gratuitamente.

Tener en cuenta que el que no puede amarse a sí mismo tampoco puede amar al otro completamente. Porque el otro es “una herramienta” que utilizo para sentirme bien conmigo.

Amarse a uno mismo no tiene nada que ver con el egoísmo, porque la persona egoísta no se ama a sí mismo, sino que en realidad se desprecia. Cree que tiene que poseer las cosas para sentirse bien consigo mismo, para ser algo.

Cuando decimos amarse queremos decir aceptarse incondicionalmente y procurar por uno mismo, al igual que por los demás. El que se ama de verdad tiene tiempo para amar a los demás.

Por tanto, el objetivo es pensar primero en uno mismo, en qué es lo que quiero y me gusta hacer. Si no piensas en ti ¿quién lo va hacer? No esperar a que la pareja nos resuelva o descubra lo que queremos.

Paradójicamente, las parejas que piensan que no se necesitan mutuamente, que son más independientes y autónomas, suelen ser las que más se aman y felices están. La actitud dependiente, apegada y sumisa suele provocar más desprecio y rechazo que atracción.

Un punto importante a considerar es que cuando creemos necesitar al otro para ser feliz, estamos poniendo en manos del otro nuestra felicidad y destino emocional. Es importante tomar las riendas de nuestra vida y felicidad con nuestras manos y ser nosotros quienes dirigimos el teatro de nuestra vida y hacia dónde y cómo queremos vivirla ¿Vamos a escribir nuestra vida o vamos a permitir que nos la escriban los demás?

Vamos a ver varios métodos que nos pueden ayudar a quitarnos esta idea irracional:

La mejor manera de ayudarnos a quitarse esa idea es primero identificar la necesidad y luego confrontarla decididamente. Utilizar un papel y escribir la necesidad de aprobación y amor. Luego confrontarla con un serie de preguntas ¿Es necesario o sólo preferible y deseable su aprobación y amor? ¿Me voy a morir si no lo consigo o me siento rechazado? ¿O va a ser sólo frustrante? ¿El hecho de que me rechace tiene que ver algo con mi valía personal? ¿Voy a ser menos persona? Contestar a cada una de las preguntas de forma reflexiva y crítica.

Coger un papel y escribir lo que quieres conseguir en tu vida, plantearte objetivos y metas por ti mismo, no en función de los demás. Escribir objetivos realistas, y que solo dependan de uno, a corto, medio y largo plazo.

Intentar no despreciarse cuando nos rechacen. El hecho de ser rechazado no nos convierte en malas personas o inferiores. Puede ser que hayamos cometido un error o le hayamos molestado y sería mejor trabajar en ello para que no vuelva ocurrir, pero despreciarnos no nos ayudará ni a nosotros ni a los demás. Aceptar que somos seres humanos imperfectos que, a menudo, cometemos errores.

Plantearte conseguir la aprobación en ciertos aspectos en sentido práctico, pero no de forma existencial de vida o muerte, e intenta trabajar para sacar el máximo provecho de conseguir su aprobación. Pero si no lo conseguimos inmediatamente, no es el fin del mundo, seguimos intentándolo. Ya lo decía Churchill “El camino del éxito es ir de fracaso en fracaso pero con entusiasmo”.

Ver el rechazo como frustrante pero no como horrible o fatal. La frustración implica posibilidad de crecimiento y aprendizaje. Podemos ver cuáles son los gustos de nuestra pareja y trabajar por ello. Los conflictos y desacuerdos son normales en la pareja porque no somos dos personas iguales. Lo que sí que no es normal es una reacción dramatizada a los mismos.

Aprender a divertirse a solas sin nuestra pareja. Hacer actividades al margen de ella y permitirnos separaciones breves temporales.

Juan Manuel Lozano Fernández

    Psicólogo, col. N. 22267

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